domingo, 3 de abril de 2011

Reflexiones previas sobre mi trabajo:

El objetivo principal de mi trabajo es proponer algunas herramientas valiosas que he ido encontrando a lo largo de estos años para volver a encontrar el propio estilo a la hora de dibujar, iniciar un camino de desintoxicación de todo ese entrenamiento tedioso que hemos sufrido a lo largo de estos años. Hemos padecido un amaestramiento para que nuestros dibujos se parecieran a una cosa determinada, endogámica, que sólo gusta entre los muros de esta institución, y que, si acaso, pueden impresionar a más de un profano por su parecido con dibujos barrocos o neoclásicos. Lo más triste de esta enseñanza, a mi parecer, ha sido el patético intento de introducir la creatividad en alguno de sus estadios: si lo normal era dibujar encarcelados, cuando te pedían un trabajo creativo la nueva regla era que la cárcel era algo más grandecita, pero nada más. Así, también la creatividad estaba acotada por unos límites muy precisos.

Ante este panorama, creo que el único dibujo verdaderamente auténtico que nos puede salir después de estos años de tortura es un garabato lleno de rabia.

Así que lo que yo os voy a proponer es un viaje hacia atrás, hacia esos momentos en los que uno soñaba con dibujar "bien" y mientras tanto disfrutaba dibujando de verdad, tal como uno era en ese momento, con todas sus inseguridades y sus titubeos, vitales o tristes, apasionados o miedosos. En esos dibujos uno dejaba allí plasmada su alma de una manera mucho más auténtica que en todos los dibujos merecedores de matrícula de estos años, en los que uno sólo dejaba su capacidad para amoldarse y obedecer ciegamente al que le iba a evaluar.

Para lograrlo, o al menos para vislumbrar un camino, voy a proponeros una serie de ejercicios sencillos para acercarnos lo más posible al dibujo espontáneo de los niños, a un dibujo que sea vehículo de nuestras emociones y tenga un efecto liberador.

Ahora mismo ando leyendo un capítulo dedicado al dibujo de los niños en el famoso Arte y percepción visual de Rudolf Arnheim ("El desarrollo", pp. 173-226).

También estoy echando un vistazo a un libro que a mí me sirvió muchísimo para adquirir seguridad dibujando: Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, de Betty Edwards. De aquí sacaré ejercicios que nos hacen salir del procesamiento analítico y verbal, lógico y racional propio del lado izquierdo del cerebro y nos hacen pasar al procesamiento espacial y global propio del lado creativo del cerebro, el derecho, el propio del dibujo.

Mi intención también es sacar algunos ejercicios de test psicológicos que tienen el dibujo como herramienta evaluativa, en especial, aquellos que se basan en el dibujo de la figura humana, ya que ésta ha sido la más machacada de las formas en nuestra enseñanza.

A medida que vaya recopilando y ordenando la información la iré plasmando por aquí.




2 comentarios:

susu petalos dijo...

Me parece muy interesante esto que has escrito,curiosa o penosamente estoy muy de acuerdo contigo.Dónde quedó la creatividad???

nanigonga dijo...

Muchas gracias! Qué bien saber que alguien lee las cosas que una escribe! Es el primer comentario que recibo por aquí.